woensdag 15 juni 2011
dinsdag 14 juni 2011
Si el PP lo hizo, por qué los otros no?
Blancos y colorados se pelean por ser los primeros en defender el derecho de asesinos, torturadores y violadores de los derechos humanos a visitar a otros asesinos, violadores y desparecedores que han sido condenados por la justicia, siguiendo el ejemplo del señor presidente de la república...
Festejen, uruguayos, festejen!
La voz de Hebe
1 La voz de Hebe se levantó cuando la mayoría callaba. La inflexión intempestiva de su palabra, nacida del dolor, reivindicó la dignidad en un país amasado por la mayor de las indignidades y por las diferentes formas de la complicidad. Hebe fue un grito que rompió el muro del silencio. Fue una voz destemplada e injuriosa como sólo sabe amasarla el habla popular que no buscó eufemismos para golpear en el corazón de la injusticia y del terror, pero que tampoco se calló cuando, ya en democracia, muchos exigían cerrar los expedientes de la dictadura. Hebe ha sido y sigue siendo, junto a otras voces de otras madres y abuelas, la conciencia de los silenciados, la palabra de los asesinados, la irreverencia de los que no se sometieron al poder ni aceptaron la irreversibilidad de la historia que se ofrecía como una política del olvido y la reconciliación.
Hebe, como las otras Madres y las Abuelas, y eso más allá de sus discrepancias que han sido duras a lo largo de los años, constituye lo mejor de nosotros mismos, el gesto de la rebeldía en aquellos momentos en los que pocos se atrevían a desafiar a los perros de la noche. Hebe no es Sergio Schoklender, ella no se deja capturar por el discurso de los canallas que se montan en una relación desdichada nacida de vidas dañadas por un mal que asoló al país para descargar su batería de miserabilidades contra las organizaciones de derechos humanos y contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Hebe, en su lenguaje directo y muchas veces cargado del barro del habla popular, allí donde el insulto reemplaza a la venganza pero reafirma la condición juzgadora que no acepta las componendas ni las políticas del olvido, ha dirigido sus dardos contra la impunidad y no ha dejado nunca de señalar a los responsables y a los cómplices del terrorismo de Estado. Ella ha sido y sigue siendo una voz que acusa a los profetas de la memoria corta, a los adalides de reconciliaciones fundadas en el borramiento de las responsabilidades.
Contra esa voz se ha organizado una campaña brutal y despiadada que viene ocupando las tapas de los principales diarios y las intervenciones del ejército de periodistas que parecen disfrutar la profunda amargura que atraviesa este momento de la vida de Hebe. Ellos están satisfechos, han esperado pacientemente su turno como las hienas que no han hecho ningún esfuerzo y que sólo se preparan para lanzarse contra la víctima inerme. Pero se equivocan. No conocen a Hebe ni la significación de su nombre y de su voz en el interior de la vida argentina. Nunca comprendieron quiénes fueron esas madres “enloquecidas” que giraron alrededor de la Pirámide de Mayo exigiendo la aparición con vida de sus hijos e hijas. Nunca creyeron que ese puñado de mujeres indefensas, débiles en apariencia, hubieran podido desafiar al poder más horroroso y homicida que se desplegó, durante años, en nuestra tierra, mientras los actuales adalides de la libertad de prensa se apresuraban a festejar y sostener a la dictadura.
Y ellas, sus voces, entre las que estaba desafiante y potente la de Hebe, estuvieron allí para salvar al país de su peor miseria: la del silencio absoluto, la de la complicidad abrumadora. Ellas nos recordaron que existían los resistentes y que entre los pliegues de un territorio abrumado por la represión emergían los rostros de quienes se cubrían con unos pañuelos blancos en los que habían escrito, con letra temblorosa y dolida, los nombres de sus hijos desaparecidos. Ellas han sido el agua pura en medio de la ciénaga contaminada. Ellas hablaron cuando los grandes medios de comunicación –los mismos que ahora se lanzan contra Hebe y contra lo mejor de una historia que fue impiadosa con ella y con sus hijos– se callaron. Cuando, peor todavía, eligieron ser cómplices de la mentira y del horror. Y la voz de Hebe, con su intemperancia, con su radicalidad que parecía excesiva, con sus inflexiones atravesadas por lo inclaudicable de una lucha sin reclamos de violencia ni de venganza por mano propia, estuvo siempre ahí para injuriar cuando la injuria se convirtió en la única garantía de una memoria amenazada por los cantos de sirena de aquellos que proclamaban que ya era llegado el tiempo de mirar hacia adelante sin rencores ni reproches. Dura, exagerada, inclemente, extrema, caprichosa, injuriosa como sólo sabe injuriar quien fue brutalmente dañado, todo eso ha sido la voz de Hebe.
Pero también ha sido una voz de la memoria, de la recuperación de valores que fueron pisoteados por el odio de los poderosos, de una militancia infatigable que buscó reconstruir los puentes con los jóvenes y con los humildes en nombre de las voces desaparecidas de sus hijos que volvieron a encontrarse con la historia y con las nuevas generaciones a través de la voz de las madres. Una voz que, nacida de una historia quebrada y dolorosa, también supo y sabe de equivocaciones que no podían ser ajenas a la extraordinaria dureza de una travesía sin mapas previos ni certezas probadas, pero que siempre actuó desde la profundidad de una convicción inclaudicable cuando la mayoría miraba hacia otro lado: la convicción de luchar contra viento y marea por la verdad y la justicia en una tierra arrasada. Impudicia de quienes intentan aprovecharse de un daño infligido por quien traicionó confianza y generosidad, para arrojarse, como aves de rapiña, sobre la voz de Hebe.
2 Una voz, entramada con otras voces inaudibles para la mayor parte de los argentinos, que se alzó contra la violencia que se cebó en miles de cuerpos de hombres y mujeres que fueron arrasados por una represión alucinada por mentes febriles para hacer del país una tierra para pocos en la que no quedaría ni siquiera el recuerdo de sus rebeldías y de sus resistencias. Los esbirros del ’76 creyeron que su política de arrasamiento y de terror terminaría por minar hasta el nombre de aquellos que lucharon por la igualdad y la justicia. No imaginaron, ni siquiera en sus delirios pesadillezcos amparados por la noche del horror, que un puñado de madres enloquecería su estrategia de sometimiento y de olvido. Nunca creyeron que serían desafiados por quienes sólo tenían su dolor y su amor inconmensurable como armas para confrontarlos. Las creyeron “locas”, alucinadas caminantes de rondas fantasmagóricas a las que muy pocos argentinos siquiera les prestaron atención mientras el país se preparaba para el Mundial de Fútbol y para el jolgorio de la plata dulce. Creyeron que nadie se atrevería a rebelarse contra la impunidad de un poder desenfrenado en su capacidad destructiva. Se equivocaron. Ellas insistieron incluso después de que las garras homicidas desgarraron los cuerpos de algunas de las primeras madres que se atrevieron, más allá de toda valentía, a gritar su dolor y a exigir por la vida de sus hijos e hijas.
Una voz de la dignidad que reclamó para sí el derecho irrenunciable a injuriar a quienes habían cometido el peor de los crímenes y a aquellos que, disimulando sus complicidades, quisieron, una vez acabada la noche de la dictadura, bañarse en las “aguas puras” de una inocencia agusanada. Hebe recordó, nos recordó, que las voces de los insepultos seguían allí, entre no- sotros, clamando por una justicia que se les negaba mientras el mismo gobierno democrático que en un principio había juzgado a los principales responsables después retrocedió impulsando las leyes de la impunidad que confluirían con los vergonzosos indultos del menemismo. Hebe, con sus palabras roncas, duras, extremas, injuriosas, inclementes y atravesadas por los ecos de Antígona, nunca se calló, siempre estuvo ahí exigiendo una justicia que parecía imposible. Supo de desencuentros con las otras madres, pero también supo de un empecinamiento que golpeaba duro contra las formas encubiertas de la complicidad sabiendo, como lo sabía alguien que se forjó a sí misma desde el dolor y la fuerza intempestiva que nació de la ausencia de sus hijos, que muchos de los que actualmente se ofrecen como defensores de los derechos humanos y de la transparencia republicana fueron cómplices de los perros de la noche, sacerdotes mediáticos del culto a la muerte que dominó los años de la dictadura.
Su odio, el de los cómplices, esperó con paciencia el momento para descargarse contra esa voz profética que incomodó desde siempre no sólo al poder sino, también, a una sociedad que prefería el olvido y la desrresponsabilización. Hebe siempre les recordó sus bajezas y sus negociados. Nunca dejó de gritarles la impudicia del encubrimiento ni la cobardía de tantos buenos vecinos y vecinas que siguieron viviendo sus vidas mientras el país era un infierno y que luego declararían su absoluto desconocimiento ante el horror que se desarrollaba delante de sus ojos. Hebe alteró siempre la buena conciencia de miles de argentinos empapados de inocencia. Y eso, Hebe lo sabe, no se perdona. Ni ayer ni hoy.
Por todo eso fue también su voz la voz de un sueño; la búsqueda de alguna forma de reparación y no sólo el testimonio de un dolor inconmensurable y sin redención. Ella soñó junto a otras madres con un proyecto que les permitiese construir vida y dignidad donde había desolación y miseria. Creyó que sus pañuelos podían encontrar otros sentidos y otras prácticas. Su decisión, y el arrojo para llevarla adelante, fueron acertados, algo que sólo podía salir de una fuerza nacida de lo más profundo de cuerpos débiles y ajados por las terribles pruebas de la vida. Hebe, su voz, se volvió a levantar para construir dignidad. Y esa decisión no queda entredicha ni es cuestionada por la acción envilecida y traidora de quien o quienes recibieron, cuando nunca lo hubieran imaginado, el amor de Hebe.
La prensa canalla está cebada. Cree, de la misma manera que lo creyó durante el conflicto con el “campo” o durante las semanas posteriores a las elecciones de junio de 2009, que encontró lo que estaba necesitando para horadar al Gobierno lastimándolo donde más le duele. Cree que la fortaleza de una anciana de 83 años está debilitada y a punto de desmoronarse. Se preparan, con su eterna mezquindad y sus escribas a sueldo, para tomar por asalto la causa de los derechos humanos. Sus mandíbulas están abiertas y despiden el aliento fétido de la revancha, esa que persiguen desde el día del retorno de la democracia. Pero se equivocan una vez más. Hebe, ahora, somos todos los que seguimos soñando con una sociedad más justa. Ya habrá tiempo para hacernos cargo de lo que ha significado Schoklender, tal vez el más pérfido Caballo de Troya que el azar y los componentes malditos de una historia de horror supo introducir en el seno de quienes con valor inconmensurable resistieron todas las tormentas del mal. Si existe una causa sagrada e inviolable en un país que supo conocer todas las formas de la injusticia, esa causa ha sido y sigue siendo la de las Madres de Plaza de Mayo (sea la de la Asociación o la de Línea Fundadora que, a los ojos de la historia, son iguales en dignidad y en coraje). Por eso, hoy, ahora y siempre... todos somos Hebe.
Ricardo Forster Doctor en Filosofía, profesor de la UBA y la UNC.
Tabaré Vázquez perdió la oportunidad de limpiar la cúpula ddel ejército. El Pepe y el Ratón dejan pasar un segunda oportunidad histórica para deshacerse de esta carroña maloliente. La verdad es que cada vez entiendo menos a este gobierno. Palo y palo a quien sale a manifestar, allanamientos a granel en los barrios pobres y a los generales que van a visitar a un asesino condenado por la justicia, apenas un arresto. Festejen Uruguyos Festejen!!!
El Pepe no está solo ;-(
Dilma no abrirá los archivos de la dictadura
Contrario a lo que había propuesto en su campaña, la presidenta de Brasil desistió de autorizar, por el momento, la apertura de documentación secreta sobre casos de represión y torturas durante el último gobierno de facto en ese país. La decisión fue tomada tras las críticas que había recibido por parte de sectores de la alianza que acompaña en el gobierno al PT.
La mandataria había respaldado un proyecto de ley que proponía liberar papeles secretos después de 50 años, pero aceptó revisar su posición tras los cuestionamientos del ex mandatario José Sarney, aliado del gobierno. "Los documentos son parte de nuestra historia diplomática, no podemos abrir esos documentos, sino vamos a abrir heridas", había dicho Sarney, presidente del Senado y uno de los principales referentes del aliado Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
Otros dirigentes oficialistas, como Marco Maia, presidente de la Cámara de Diputados, discrepan con el ocultamiento de esa documentación. "La sociedad tiene derecho a conocer la historia, cuando mejor divulgada mejor, no veo ningún problema en ir liberando (documentos), no veo ningún problema", sostuvo.
Así y todo, la decisión de Dilma fue tomada y su flamante ministra de Relaciones Institucionales, Ideli Salvati, puesta en funciones ayer, fue la encargada de anunciarlo, según consignó el diario Folha de San Pablo.
EE.UU. publica los papeles sobre Vietnam
El gobierno desclasifica los archivos cuarenta años después de la filtración de una parte
Los documentos señalan que los presidentes norteamericanos manipularon la información para estirar el desarrollo del conflicto bélico. Y ponen en evidencia el doble discurso de los funcionarios.
Cuarenta años después de que se publicara una parte de los archivos sobre la guerra de Vietnam (1964-1975) en The New York Times, el gobierno de Estados Unidos ayer desclasificó 7 mil páginas, exceptuando 11 palabras que siguen tachadas y permanecerán desconocidas para el público. Los documentos, disponibles para su consulta en el Archivo Nacional en College Park. señalan que los presidentes norteamericanos manipularon la información para estirar el desarrollo del conflicto bélico.
Bajo el título oficial “Relaciones Estados Unidos-Vietnam, 1945-1967: Un estudio preparado por el Departamento de Defensa”, los papeles del Pentágono fueron encargados en 1967 por el entonces secretario de Defensa Robert McNamara. Esos documentos muestran, según el diario The Washington Post, cómo “los líderes estadounidenses decían públicamente una cosa acerca del conflicto, pero a puertas cerradas pensaban algo completamente distinto”. Incluso el USA Today describió la difusión de esa información como un “acto final de una saga que cambió hace cuatro décadas a la presidencia, la prensa y todo el aparato de gobierno”.
Los documentos se hicieron públicos el 13 de junio de 1971, cuando el empleado del “think-tank” estadounidense Rand Corporation, David Ellberger, accedió a los archivos, hizo copias de los mismos y se las entregó finalmente a los medios. Una de las hipótesis del comportamiento de Ellberger es que habría actuado impulsado por su experiencia durante los dos años en los que fue empleado de la embajada estadounidense en Vietnam. En ese entonces tomó contacto con grupos de activistas por la paz y, finalmente, tuvo la idea de publicarlos para sacar la verdad a la luz sobre la guerra y las verdaderas motivaciones del conflicto.
Aquella revelación había desatado un escándalo con amplias repercusiones. Mientras el gobierno de Richard Nixon intentaba limitar los daños provocados por la filtración de aquellos documentos, bloqueando la difusión de esos expedientes y el rebote que pudieran provocar, otros medios se sumaron a la difusión iniciada por The New York Times. Sin embargo, al final venció el derecho a la libertad de información y el Tribunal Supremo permitió en una sentencia la publicación de ese extracto. “Es un ejercicio traicionero escribir historia, en especial cuando se entrelaza con el acontecer actual y en particular cuando un suceso actual es Vietnam”, escribió Leslie H. Gelb. Por pedido del secretario de Defensa, Robert S. McNamara, para que se efectuara un estudio “enciclopédico y objetivo” de la participación de Estados Unidos en Vietnam desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1967, un equipo formado por unos 36 analistas estudiaron detenidamente, y con “diligencia de hormiga”, una colección valiosa de documentos del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado.
Ese trabajo desnudó una serie de artimañas compartidas por los gobiernos de Lyndon Johnson, John Kennedy y otros presidentes que utilizaban un doble discurso. Por un lado, incrementaban la intensidad del conflicto y, por el otro, le decían a la sociedad norteamericana que Estados Unidos no deseaba ampliar la guerra. El documento fue preparado casi al finalizar el gobierno de Johnson por el Departamento de Defensa y analistas privados, y constituye, tal vez, lo que puede considerarse como el antecedente de las filtraciones que llegaron a su climax con la difusión y publicación de Wikileaks.
Las 7 mil páginas desclasificadas, incluyendo 2384 desconocidas, comenzaron a ser difundidas en forma simultánea, desde el mediodía de ayer, por las bibliotecas presidenciales Lyndon B. Johnson, en Austin, Texas, y Richard M. Nixon, en Yorba Linda, California. También por las bibliotecas John F. Kennedy, en Boston, Massachusetts, y la de Archivos Nacionales, ubicada en Collage Park, Maryland. De acuerdo con un comunicado de la Biblioteca Presidencial Lyndon B. Johnson, los documentos serán colocados en su totalidad en la red. Los papeles del Pentágono pueden consultarse en: